El Lenguaje Ignaciano

Glosario de Términos Usados en Cîrculos Ignacianos y Jesuîticos

Acompañamiento / Dirección Espiritual -  Suele ayudar a las personas que buscan integrar su fe y su vida conversar periódicamente (por ejemplo, mensualmente) con alguien de confianza. Esta persona actúa como guía [también conocido como amigo(a) espiritual, acompañante o director(a)] para el camino, ayudándoles a encontrar la presencia y el llamado de Dios en las personas y las circunstancias de su vida cotidiana.

Se asume que Dios está presente y que otro, un guíía, puede ayudarles a tomar conciencia de la presencia de Dios y también a encontrar las palabras para hablar de esa presencia, porque no están acostumbrados hacerlo. El guía suele ser una persona que escucha, está especialmente capacitado en el discernimiento y por lo tanto es capaz de ayudarles a distinguir las diferentes voces dentro de y en torno a ellos. Aunque pueda sugerir varios tipos de ejercicios/métodos de oración, lo que se pretende es algo más amplio; tiene que ver con toda la experiencia de la persona como lugar para encontrar a Dios.

A.M.D.G. - Ad Majorem Dei Gloriam (latín) - "A la mayor gloria de Dios". Lema de la Compañía de Jesús.  [Ver: "magis"]

Apóstol / apostolado / apostólico - Apóstol es el rol dado al grupo más cercano de los doce a quienes "envió" [en misión] y a algunos más, como a San Pablo. Por esto, apostolado significa una "iniciativa o actividad misionera" y apostólico se refiere a una característica "misionera."

Arrupe, Pedro (1907-1991) -Superior General de la Compañía de Jesús durante casi 20 años. Fue la principal figura en la renovación de la Compañía de Jesús después del Concilio Vaticano II que prestaba atención tanto al espíritu de Ignacio, el fundador, como a los signos de nuestros tiempos. Nacido en el país vasco al norte de España, dejó sus estudios en la escuela de medicina para unirse a los Jesuitas. Fue expulsado de España en 1932 con todos los jesuitas. Estudió teología en Holanda y siguió otros estudios de espiritualidad y sicología en los Estados Unidos. El P. Arrupe vivió 27 años en Japón (donde, entre otras muchas cosas, ayudó a las víctimas de la bomba atómica en Hiroshima) hasta su elección a superior general en 1965. Se le considera fundador de la Compañía de Jesús moderna y post-Vaticano II.

Compañía de Jesús - Orden religiosa católica masculina fundada en 1540 por Ignacio de Loyola y un pequeño grupo internacional de "amigos en el Señor", compañeros de estudios de la Universidad de París.

Comprendían su misión como la disponibilidad para ir a cualquier parte del mundo y hacer todo lo que permita "ayudar a las almas," especialmente allí donde la necesidad fuera mayor (por ejemplo, donde cierto pueblo o cierto tipo de trabajo estuviesen desatendidos).

Hoy, con aproximadamente 21,000 sacerdotes y hermanos, se encuentran esparcidos por casi todos los países del mundo ("más oficinas regionales que la Coca Cola," según el P. Arrupe) - su número está disminuyendo marcadamente en Europa y en América del Norte y aumentando en la India, áfrica, América Latina y el Lejano Oriente.

Concilio Vaticano II (en forma breve: "Vaticano II") - Convocado en 1962 por el Papa Juan XXIII para la renovación de la Iglesia, este Concilio Ecuménico (es decir, de todo el mundo) 21º marcó a la Iglesia Católica que pasó de ser una iglesia de cultural (en gran parte europea) a una iglesia genuinamente universal. El Concilio recogió el trabajo de los teólogos del siglo 20 que antes habían sido oficialmente considerados peligrosos o erróneos. Es por eso que el Movimiento bíblico, la renovación litúrgica y el movimiento laical fueron incorporados a la doctrina y la práctica Católica oficial.

Algunas de las nuevas perspectivas que salen del Concilio son: la celebración de la liturgia (adoración) en distintas lenguas locales en vez del latín para facilitar la comprensión y la participación de los laicos; ver la Iglesia como "todo el pueblo de Dios" en vez de sólo el clero y ver otros grupos cristianos (Protestantes, Ortodoxos) como pertinentes a ella; reconocer las religiones no-cristianas  como poseedores de verdad; honrar la libertad de conciencia como un derecho humano básico y, finalmente, incluir en su misión el salir al encuentro de los pueblos en todas sus esperanzas, necesidades y sufrimientos como una parte esencial del anuncio del Evangelio.

Hoy los católicos están seriamente divididos en la cuestión del Vaticano II, unos ("conservadores")    consideran que ha fracasado por haber renunciado a elementos esenciales de la tradición y otros
("liberales") sienten que se ha logrado muy poco y aún éste es deficiente en su realización.

"Cura personalis" - (Latín: "cuidado de la persona (única, individual)") - Característica distintiva de la espiritualidad ignaciana (por el acompañamiento espiritual personal, el guía adapta los Ejercicios Espirituales al sujeto particular que los está haciendo) y por lo tanto de la educación jesuita (el profesor establece una relación personal con los alumnos, los escucha en el proceso de la enseñanza y los conduce hacia la iniciativa y la responsabilidad personal para aprender [véase "Pedagogía, Ignaciana / Jesuita]).

Esta actitud de respeto por la dignidad de cada individuo deriva de la visión judeo-cristiana de los seres humanos como creaturas únicas de Dios, de la acogida amorosa de la humanidad de parte de Dios en la persona de Jesús, y del destino de los hombres como la comunión definitiva con Dios y con todos los
santos en la vida eterna.

Dios -    Se dan distintos títulos o nombres al Misterio que subyace a todo lo que existe - por ejemplo: el Divino, el Ser Supremo, el Absoluto, el Trascendente, el Santísimo - sin embargo todos estos son sólo "señales" que apuntan a una Realidad más allá de la capacidad humana de nombrar y más allá de nuestra comprensión humana limitada. Más aún, algunos conceptos se toman como menos inadecuados que otros dentro de una cierta tradición fundada en la revelación. Por esto, los Judíos reverencian a Yahvé (un nombre tan sagrado que no se pronuncia sino más bien se usa un nombre alternativo) y los musulmanes adoran a Allah (el [único] Dios).- Los cristianos entienden a este Dios único como "Trinidad", como uno que tiene "tres maneras de ser" - (1) el Creador y compañero de alianza (según la tradición hebrea) o "Padre" (el "Abba" en la experiencia de Jesús), (2) encarnado (de carne y hueso) en Jesús" - el "Hijo," y (3) presente en todas partes del mundo por el "Espíritu." Ignacio de Loyola tuvo un fuerte sentido Trinitario de Dios a la vez que tenía afecto especial por la expresión "su Divina Majestad" haciendo hincapié en la grandeza o la condición de "deidad" de Dios; de manera que Karl Rahner, teólogo jesuita del siglo 20, podía habar del "Misterio inconmensurable del Amor que se entrega a sí mismo."

La renuencia de algunos de nuestros contemporáneos para usar la palabra Dios se puede entender como una enmienda en potencia a la tendencia de algunos creyentes al hablar con excesiva ligereza, como si comprendiesen plenamente a Dios y sus caminos.

Dirección Espiritual: ver «Acompañamiento / Dirección Espiritual»

Discernimiento (también: "Discernimiento de espíritus") - Un proceso de hacer elección, en un contexto de la fe (cristiana), cuando la opción no es entre el bien y el mal sino entre varios caminos de acción posibles, todos potencialmente buenos. Para Ignacio* el proceso implica la oración, la reflexión y la consulta con otros, todas con atención honesta no sólo a lo racional (las razones a favor y en contra) sino también a la realidad de los sentimientos, las emociones y los deseos (que Ignacio llama los "movimientos" del alma). Una cuestión fundamental en el discernimiento es "¿De dónde procede este impulso - del buen espíritu (de Dios) o del mal espíritu (que aleja de Dios)?" En sus Ejercicios Espirituales Ignacio dice que una clave para contestar esta pregunta es: en el caso de una persona que lleva una vida básicamente buena, el buen espíritu da «consolación», actúa quieta y suavemente y conduce a la paz, gozo y obras de un servicio amoroso; mientras que el mal espíritu trae "desolación", agita, perturba la paz e inyecta miedos y desánimo para impedir hacer el bien.

Educación Jesuita - Ignacio de Loyola y sus primeros compañeros, que fundaron la Compañía de Jesús en 1540, originalmente no pretendieron fundar colegios. Pero pronto se vieron en la necesidad de crear colegios para la educación de los jóvenes que acudían para ingresar a su orden religiosa. En 1547 pidieron a Ignacio establecer un colegio para jóvenes laicos.

En el momento de la muerte de Ignacio (1556) había 35 colegios (que correspondían a la educación secundaria y los dos primeros años de los estudios superiores de hoy). Cuando llegó el momento de la supresión de la Compañía en 1773, el número había crecido hasta más de 800, los cuales formaron parte de una red internacional de educación humanista integrada que unía en una empresa común hombres de varias lenguas y culturas. Estos Jesuitas fueron distinguidos matemáticos, astrónomos y físicos, lingüistas y dramaturgos, pintores y arquitectos, filósofos y teólogos y aún lo que hoy se llamaría antropólogos de la cultura.

Estos desarrollos no sorprenden: todos los fundadores de la orden habían egresado de la Universidad de París y la espiritualidad de Ignacio enseñaba a los Jesuitas a buscar a Dios "en todas las cosas". Sin embargo, restaurada la orden en 1814, los colegios y los eruditos de la Compañía en Europa no volvieron a ocupar el destacado nivel que habían tenido antes. Eran tiempos nuevos y, en gran medida los religiosos se resistían al pensamiento y cultura modernos que caracterizaban la vida intelectual de los Católicos a lo largo del siglo 19 y después.

En otras partes del mundo, y de manera especial en los Estados Unidos, el siglo 19 fue ocasión de un nuevo auge de la educación jesuita. De los 28 "colleges" y universidades jesuitas que actualmente existen en los Estados Unidos, 21 fueron fundados durante ese siglo. Estas instituciones atendían las necesidades de un pueblo inmigrante, permitiéndoles crecer y promocionarse en el mundo a la vez que mantener su fe y práctica católicas en un medio protestante frecuentemente hostil.

Después de la segunda guerra mundial, la educación superior de la Compañía (al igual que la educación superior en general) conoció un gran crecimiento y democratización.  De manera significante, este crecimiento requería el cambio de un cuerpo docente en su mayoría Jesuita a uno constituido cada vez más por laicos (y, en los últimos años, por laicas). Más aún, el Concilio Vaticano II (1962-65) generó un gran estallido de energía en la Iglesia Católica y en la Compañía de Jesús para el compromiso con el mundo moderno incluyendo su vida intelectual. En las décadas de los '70 y los '80 los centros superiores jesuitas dieron el paso a profesionalizarse al contratar nuevos profesores con capacitación altamente especializada y con títulos de las mejores escuelas post-graduados.

Estos vastos cambios de los últimos 50 años han traído a las escuelas jesuitas a la situación presente en que se plantean cuestiones cruciales. ¿Se unirán las llamadas instituciones jesuitas de educación superior con la corriente mayoritaria del mundo académico estadounidense y por esto perderán su carácter distintivo y razón de ser propio, o tendrán la creatividad de para llegar a ser aún más distintivas?  Al tiempo que tomen lo mejor de la educación y la cultura de su país, ¿podrán todavía ofrecer una alternativa en el espíritu de su herencia jesuita? ¿Promoverán la integración de la ciencia - o dominará sólo la especialización y persistirá la fragmentación de la ciencia? ¿Se relacionará el saber con el Trascendente, con Dios - o se dejará desaparecer la experiencia espiritual* de consideración, en departamentos de teología aislados? A la vez que desarrollan la mente, ¿también desarrollarán con toda seguridad una imaginación transcultural y global y un corazón compasivo para reconocer y trabajar por el bien común, especialmente para mejorar la suerte de los pobres y las personas sin voz ni voto (ver "Hombres y Mujeres para los Demás" / "Personas de solidaridad Integradas" / y "El Servicio de la Fe y la Promoción de la Justicia") - o serán el interés propio y lo "mínimo" los valores predominantes en ellas?

ejercicios espirituales (ambas "e" con minúsculas) - Cualquiera de entre una variedad de métodos o actividades para abrirse al espíritu de Dios y dejar que todo su ser, no sólo la mente, sea afectado. Los métodos - algunos de los cuales son muy "activos" y otros más "pasivos" - pueden incluir la oración vocal (por ejemplo: el Padre Nuestro), la meditación o la contemplación, llevar un diario u otra manera de escribir,  la lectura de las sagradas escrituras u otras grandes obras de arte verbal, el dibujo, la pintura o el trabajo con arcilla, contemplar obras de arte visual, tocar o escuchar música, trabajando o paseando en medio de la naturaleza. Todas estas actividades tienen en mente el mismo fin - descontinuar las actividades productivas habituales de uno y así dejar a Dios "hablar", escuchando lo que Dios puede decir por a través del medio usado.

Ejercicios Espirituales [ambas "E" con mayúsculas] - Una serie de ejercicios  espirituales ordenados y  escritos por Ignacio de Loyola* basada en su propia experiencia espiritual personal y en la de otros a quienes escuchaba. Invitan al "ejercitante" a "meditar" sobre aspectos centrales de la fe cristiana (por ejemplo, la creación, el pecado y el perdón, la vocación y el ministerio) y especialmente a "contemplar" (a saber: entrar imaginativamente a...) la vida, muerte y resurrección de Jesús.

Ignacio puso por escrito todo esto en el libro de los Ejercicios Espirituales, un manual para ayudar al guía que orienta a quien "hace los Ejercicios." Después de escuchar a esa persona y tener una noción de donde está, el guía escoge de entre los materiales y métodos del libro de los Ejercicios y se los ofrece de manera adaptada a ese individuo particular. La meta de todo esto es llegar a alcanzar un tipo de libertad espiritual, el poder actuar - no por la presión social, la compulsión o el miedo personal sino por las indicaciones del espíritu de Dios en el centro más profundo y auténtico de su ser - a actuar, en última instancia, movido por amor.

Según el diseño original en los Ejercicios Espirituales "completos" la persona se dedicaría a ellos a tiempo completo durante cuatro semanas, pero Ignacio se dio cuenta que algunas no podían [hoy la mayoría de las personas no pueden] liberarse de las obligaciones de trabajo y de casa por tanto tiempo y por esto hizo posible que se hagan los Ejercicios "completos" durante un período de seis a nueve meses: "los Ejercicios Espirituales en la Vida Cotidiana." En este caso, el "ejercitante," sin salir de la casa ni del trabajo, dedica aproximadamente una hora por día a la oración (aún esto, como casi todo en los Ejercicios, se puede adaptar) y se reúne con un guía todas las semanas o quincenalmente para evaluar qué ha estado sucediendo en su oración y en el resto de su vida.

En la mayoría de los casos las personas no hacen los Ejercicios Espirituales "completos" sino un retiro en el espíritu ignaciano que puede durar desde un fin de semana hasta una semana. Tal retiro suele incluir una conversación diaria con el guía o una serie de presentaciones diarias a un grupo como preparación para la oración / los ejercicios espirituales.

Ignacio compuso y revisó su librito a lo largo de veinticinco años o más, antes de que finalmente fuera publicado en 1548. Según un cálculo estimado, en 1948 las ediciones y traducciones siguientes habían sumado unas 4,500, aproximadamente una por mes durante cuatro siglos, con un total de cerca de 4'500,000 ejemplares impresos. El prestigio de Ignacio como una de las figuras principales en la historia de la educación de Occidente estriba principalmente en sus Ejercicios - con sus implicaciones para la enseñanza y el aprendizaje de manera holista.

Encontrar a Dios en Todas las Cosas - La espiritualidad ignaciana se resume en esta frase. Invita a uno a buscar y encontrar a Dios en todas las circunstancias de la vida, no sólo en situaciones o actividades explícitamente religiosas como rezos en la Iglesia (por ejemplo, la misa) o en particular. Implica que Dios está presente en todas partes y, aunque invisible, puede ser "encontrado" en cualquiera y en todas las criaturas creadas por Dios. Revelan, aunque sea un poco, algo de cómo es su Creador - con frecuencia por suscitar asombro en aquellos que son capaces de mirar con "ojos de fe". Después de un largo día de trabajo, Ignacio solía abrir las ventanas de su cuarto, salía a un pequeño balcón, miraba a las estrellas y era transportado fuera de sí para entrar en grandeza de Dios.

¿Cómo se puede crecer en esta habilidad de encontrar a Dios en todo? El P. Howard Grey traza, a partir de lo que Ignacio escribió acerca del crecimiento espiritual en las Constituciones Jesuitas, el paradigma siguiente:

  1. Ejercitarse en prestar atención a lo que realmente está allí. "Procure que aquella persona, poema, injusticia social o experimento científico sea (para uno) lo más genuinamente posible."
  2. Luego asumir una actitud de reverencia a lo que se ve, oye y siente; hay que apreciarlo en lo que tiene de único. "Antes de que juzgues, evalúes o respondas, date tiempo para apreciar y aceptar lo que hay allí en el otro."
  3. Si se aprende a estar atento y reverente, "luego encontrarás devoción, a aquel afecto interior que nace del modo singular en que Dios obra en esa situación, revelando la bondad y la fragilidad, la belleza y la verdad, el dolor y la aflicción, la sabiduría y la ingenuidad."

Espiritual / espiritualidad - Lo espiritual con frecuencia se define como lo que es "no-material," pero esta definición encuentra problemas cuando se aplica a los seres humanos que, tradicionalmente son considerados "cuerpos-y-espíritus," corporales y espirituales. Sin embargo en algunas filosofías y sicologías modernas la dimensión espiritual de lo humano se niega o se desconoce. Hay muchos aspectos de nuestra cultura americana contemporánea (por ejemplo, el sentido apurado del tiempo y la necesidad de producir y producir) que hacen que sea difícil prestar atención a esta dimensión.

Fundamentalmente, se puede reconocer la dimensión espiritual de los seres humanos en la tendencia de nuestras mentes y corazones siempre hacia más allá que lo que ya alcanzamos (la mente humana nunca satisfecha y el corazón humano nunca satisfecho). Nos sentimos atraídos inevitablemente hacia el "Absoluto" o a la "Plenitud de Ser" [ver: Dios]. Así pues, hay profundidades de nuestro ser que sólo podemos comenzar a comprender.

Si todo ser humano tiene esta dimensión y hambre espiritual, se sigue que en una cultura como la nuestra, todos tendrán - por lo menos a veces - alguna toma de conciencia de ella, aún si esa conciencia no se explicita ni se expresa con palabras. Por otro lado, cuando se habla de una "espiritualidad" se suele significar no tanto la espiritualidad que los seres humanos tienen por naturaleza, sino un conjunto de actitudes y prácticas  (ejercicios espirituales) que pretenden promover una mayor conciencia de esta dimensión espiritual y (en el caso de los que pueden afirmar tener fe en Dios) una búsqueda más explícita de su objeto - la Divinidad o Dios.

Evangelio (literalmente: "buena noticia") - La buena noticia o el anuncio gozoso sobre Jesús.

En plural: se refiere a los primeros cuatro textos de las escrituras cristianas (Mateo, Marco, Lucas y Juan) que cuentan la historia de Jesús - cada uno con su propio énfasis teológico particular - y de esta manera invitan a una respuesta de fe y esperanza en él.

Fabro, Pedro (1506 - 1546) La versión latina e inglesa de Pierre Fabre: estudiante de la Universidad de París, del sur de Francia, que compartió el cuarto con Ignacio de Loyola y Francisco Javier y junto con ellos y varios más fundaron la Compañía de Jesús. Mucho de su ministerio se realizó en Alemania. Allí elaboró las pautas para el diálogo ecuménico con los Luteranos, pero éstas, lamentablemente, no se llevaron a la práctica. Entre los primeros compañeros fue reconocido como el mejor guía para los que hacían los Ejercicios Espirituales.

Hombres y Mujeres para los Demás / Personas Integras y Solidarias para el Mundo Real - En un ahora famoso discurso a los exalumnos de los colegios jesuitas en Europa (el 31 de Julio de 1973), Pedro Arrupe pintó un perfil de lo que un graduado debe ser. Al reconocer que los colegios jesuitas no siempre han acertado en este campo, el P. Arrupe pidió una re-educación para la justicia:

Hoy nuestro primer objetivo educativo debe ser formar hombres y mujeres para los demás... personas que ni siquiera puedan concebir el amor de Dios que no incluya el amor por el más pequeño de sus prójimos; personas convencidas que el amor de Dios que no se expresa en justicia para otros seres humanos es una farsa... A todos nos gustaría ser buenos para los demás, y la mayoría de nosotros seríamos relativamente buenos en un mundo bueno. Lo difícil es ser bueno en un mundo malo, donde el egoísmo de los demás y el egoísmo articulado dentro de las instituciones de la sociedad nos atacan... El mal se vence sólo por el bien, el egoísmo por la generosidad. Así hemos de sembrar la justicia en nuestro mundo, sustituyendo amor por el interés en sí mismo como fuerza motriz de la sociedad.

Siguiendo lo dicho por el P. Arrupe, el actual jefe jesuita, Peter-Hans Kolvenbach, retó a los 900 delegados jesuitas y laicos de los 28 colleges y universidades reunidos en la "Asamblea 1989" a enseñar a nuestros alumnos a no tomar "decisión significativa alguna sin primero pensar en cómo impactaría en los más pequeños de la sociedad" [es decir, los pobres, los marginados que no tienen voz]. Once años más tarde (el 6 de octubre de 2000), hablando sobre "la fe que hace justicia" a una reunión nacional similar en la Universidad de Santa Clara (California, EE.UU.), el P. Kolvenbach  fue más preciso y elocuente en presentar las metas para la universidad jesuita del siglo 21:

Aquí en el Silicon Valley, por ejemplo, florecen algunas de las universidades más destacadas en el mundo de la investigación junto a escuelas públicas donde estudiantes afro-americanos e inmigrantes abandonan masivamente sus estudios. A escala nacional, uno de cada seis niños está condenado a la ignorancia y la pobreza.... Gracias a la ciencia y a la tecnología, la humanidad es hoy capaz de solucionar problemas tales como la alimentación de los hambrientos, la vivienda de los sin techo o el desarrollo de condiciones más justas de vida, pero se resiste tercamente a hacerlo.

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El criterio real de evaluación de nuestras universidades jesuitas radica en lo que nuestros estudiantes lleguen a ser. La «persona completa» del mañana debe tener, en síntesis, una solidaridad bien informada. Por esta razón debemos elevar nuestro nivel educativo jesuita hasta «educar a la persona completa en la solidaridad para con el mundo real».

La solidaridad se aprende a través del «contacto» más que de «nociones.» Cuando la experiencia directa toca al corazón, la mente se puede sentir desafiada a cambiar. Nuestras universidades se glorían también de una espléndida variedad de programas de actividades complementarias en las que el estudiante presta un servicio, de programas de extensión y de inserción, de contactos más allá del campus y de cursos prácticos. Todo esto no debería ser sólo algo opcional o periférico, sino quedar incluido en el núcleo mismo del programa de estudios de toda universidad de la Compañía.

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El profesorado está en el corazón de dichas instituciones. Todos los profesores, a pesar del cliché de torre de marfil, están en contacto con el mundo. Pero ningún punto de vista es neutro o prescinde de los valores Una pregunta legítima para cada uno de los profesores, aunque no resulte académica, sería: «cuando investigo y enseño, ¿dónde y con quién está mi corazón?». Para asegurar que las necesidades reales de los pobres encuentran su sitio en la investigación, los profesores precisan de una colaboración orgánica con aquellos que, en la Iglesia y en la sociedad, trabajan entre los pobres y en favor de ellos, buscando activamente la justicia.

Lo que está en juego es más que la suma de los compromisos y esfuerzos personales de muchos individuos: es un diálogo interdisciplinario sostenido de investigación y reflexión, un continuo poner en común los conocimientos de todos. Su intención es asimilar las experiencias y las intuiciones de las diferentes disciplinas en «una visión del conocimiento que, muy consciente de sus limitaciones, no se satisfaga con los fragmentos, sino que intente integrarlos dentro de una síntesis sabia y verdadera» de la realidad de nuestro mundo. Desgraciadamente muchos profesores no se sienten todavía, académica, humana y, me atrevería a decir, espiritualmente, preparados para un intercambio de tal envergadura.

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Si el auténtico criterio de evaluación de nuestras universidades consiste en lo que los estudiantes lleguen a ser, y si el profesorado es el corazón de todo ello, ¿qué nos queda por decir? Quizá sea este tercer punto, el carácter de nuestras universidades (cómo funcionan internamente y qué impacto tienen en la sociedad) el más difícil.

En palabras de la CG 34, una universidad de la Compañía tiene que ser fiel, al mismo tiempo al sustantivo «universidad» y al adjetivo «jesuita». Por ser universidad se le pide dedicación a «la investigación, a la enseñanza y a los diversos servicios derivados de su misión cultural.» El adjetivo 'jesuita' «requiere de la universidad armonía con las exigencias del servicio de la fe y promoción de la justicia.

Una expresión elocuente de la naturaleza de la universidad de la Compañía radica en las políticas de contratación y nombramiento de profesores. Como universidad, es necesario que respete las normas establecidas en lo académico, en lo profesional y en lo laboral; pero, como jesuita, le es esencial ir más allá de ellas y encontrar los modos de atraer, contratar y promover a aquellos que comparten activamente la misión.

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Todo centro jesuita de enseñanza superior está llamado a vivir dentro de una realidad social y a vivir para tal realidad social, a iluminarla con la inteligencia universitaria, a emplear todo el peso de la universidad para transformarla. Así pues, las universidades de la Compañía tienen razones más fuertes y distintas a las de otras instituciones académicas o de investigación para dirigirse al mundo actual, tan instalado en la injusticia, y para ayudar a rehacerlo a la luz del Evangelio.

Ignaciano - Adjetivo, del sustantivo Ignacio [de Loyola]. A veces se usa para diferenciar de Jesuita /  Jesuítico, haciendo referencia a aspectos de espiritualidad que derivan de Ignacio el laico en vez del Ignacio posterior y su orden religiosa, la Compañía de Jesús.

Ignacio de Loyola (1491-1556) - Hijo menor de una familia vasca noble fieramente leales a la corona española (Fernando e Isabel), fue llamado Iñigo en honor a un santo de su tierra natal. Educado para ser cortesano, en 1521 luchaba valientemente en defensa de la ciudad fortaleza Pamplona cuando una bala de cañón francés destrozó su pierna. Durante su larga convalecencia, se sentía movido a alejarse de los romances de caballeros que había llenado su imaginación desde temprana edad hacia lecturas más espirituales - una vida de Cristo ilustrada y una compendio de la vida de los santos.

Después de su recuperación, emprendió camino a Tierra Santa para realizar su sueño de "convertir al infiel".  En el camino paró en el pueblito de Manresa y terminó pasando casi un año allí, en el cual experimentó tanto las profundidades de la desesperanza como grandes momentos de ilustración.

Mandado a dejar Palestina después de una estadía de poco más que un mes, Ignacio decidió que necesitaba una educación para poder "ayudar a las almas". En Barcelona ingresó a una escuela con niños a los que cuadruplicaba en edad para aprender los principios de la gramátilatina, luego siguió camino a varias ciudades universitarias de España. En cada una fue encarcelado e interrogado por la Inquisición porque insistía en hablar con la gente de "asuntos espirituales" sin tener un título en teología ni ordenación sacerdotal.

Terminó por dar las espaldas a su tierra y viajó a la universidad más importante en ese tiempo, la Universidad de París, donde comenzó su educación de nuevo. Después de 5 años y mucho esfuerzo recibió el título de "Maestro de Artes". Fue aquí en París que cambió su nombre vasco al latín Ignatius y su equivalente en español, Ignacio.

En la universidad, compartió el cuarto y llegó a ser buen amigo de otro vasco, Francisco Javier y un saboyano, Pedro Fabro. Después de recibirse, estos tres, junto con varios egresados parisinos más, iniciaron un proceso de discernimiento en comun y decidieron vincularse en una comunidad apostólica que llegó a ser la Compañía de Jesús. Elegido superior unánimemente por sus compañeros, Ignacio pasó los últimos 16 años de su vida en Roma dirigiendo la joven orden  mientras que los demás iban por toda Europa, al Lejano Oriente y, con el tiempo, al Nuevo Mundo. Dondequiera que fueron fundaron colegios como un medio de ayudar a la gente a "encontrar a Dios en todas las cosas."

IHS - Las tres primeras letras, en griego, del nombre Jesús. Estas letras se encuentran como símbolo en el sello oficial de la Compañía de Jesús o los Jesuitas.

Inculturación - Es un concepto teológico moderno que expresa un principio de la misión cristiana implícita en la espiritualidad ignaciana - es decir, que el evangelio ha de ser presentado a toda cultura en términos inteligibles para ella y ha de permitírsele crecer en el "suelo" de esa cultura; Dios está presente y activo allí de antemano ("la acción de Dios antecede la nuestra"- Congregación General 34 de los Jesuitas [1995], "Nuestra Misión y la Cultura").

Así como en el primer siglo San Pablo luchó contra la imposición de las prácticas judías a los Cristianos no judíos, también en los siglos 16 y 17 Jesuitas como Mateo Ricci (1552-1610) y Roberto de Nóbili (1577-1656) lucharon para retener elementos de las culturas chinas e India al presentar un cristianismo des-europeizado a aquellos pueblos, con el resultado de que su propuesta fue condenada por la Iglesia en el siglo 18.

Idealmente, el evangelio y una cultura interactúan mutuamente y en este proceso el evangelio abraza algunos elementos de la cultura a la vez que ofrece una valoración crítica de otros.

Jesuita / Jesuítico - Sustantivo: Miembro de la Compañía de Jesús. Originalmente el término fue usado como expresión de rechazo por personas que sentían que había algo terriblemente arrogante en un grupo que se llamaba la Compañía o Agrupación (Societas) de Jesús, ya que las órdenes religiosas previas se contentaron con llamarse por el nombre de su fundador (por ejemplo: "Benedictinos," "Franciscanos" y "Dominicos"). Más tarde el título fue acogido como una abreviatura de su nombre por los miembros de la misma Compañía, como también por otros que les favorecían.
- Adjetivo: Que pertenece a la Compañía de Jesús. Ya que el término Jesuita ha sido rehabilitado, el sentido negativo significa "astuto" o "tortuoso."

Jesús (también: Jesucristo que significa Jesús "el ungido [de Dios]") - La persona histórica de Jesús de Nazaret a quien los cristianos reconocen ser, por su vida (lo que enseñó e hizo), su muerte y resurrección, la verdadera revelación de Dios y al mismo tiempo el modelo de lo que significa ser plenamente humano. Dicho de otra manera, para los cristianos, Jesús muestra cómo es Dios y cómo pueden vivir en respuesta a esta revelación: Dios es el Dador de vida compasivo que invita y da poder a los seres humanos para que, con libertad, juntos - unos con otros - trabajen para vencer las fuerzas del mal - pérdida de sentido, culpa, opresión, sufrimiento y muerte - que disminuyen a la gente y les impiden crecer hacia una vida siempre más plena.

En los Ejercicios Espirituales Ignacio procura que el ejercitante dedique la mayor parte del tiempo a "contemplar" (es decir, a entrar imaginativamente en) la vida, muerte y resurrección de Jesús, para llegar a ser más y más compañero suyo. Cuando Ignacio y sus compañeros de la Universidad de París decidieron fundar una orden religiosa, insistió que se llamara Sociedad o Compañía de Jesús (ver: "Jesuita", sustantivo).

Kolvenbach, Peter-Hans (1928-    ) - Nacido en los Países Bajos, es el superior general de la Compañía de Jesús desde 1983 cuando se permitió a los Jesuitas volver a su propio gobierno después de un período de "intervención" papal.

Ingresó a los Jesuitas en 1948, fue enviado al Líbano a mediados de los años '50, logró un doctorado de la famosa Universidad de Saint Joseph en Beirut y pasó mucho de su vida allí, primero como profesor de lingüística y, luego, como superior de la viceprovincia jesuita del Medio Oriente.

El mismo reconocía ser relativamente "ignorante en asuntos de justicia e injusticia" cuando viajó de Beirut a Roma para la Congregación General 32 y fue testigo de la emergencia del énfasis en "fe-justicia" de la Congregación bajo el liderazgo de Pedro Arrupe (ver: "El Servicio de la Fe y la Promoción de la Justicia"). Hasta ahora como superior general ha trabajado infatigablemente en colaboración con sus asesores para hacer realidad y extender la orientación en que su predecesor conducía a la Compañía (ver: "Hombres y Mujeres para los Demás" / "Personas Integras y Solidarias para el Mundo Real").

Laicos (laico, laica) - Es el pueblo de una fe religiosa en cuanto distinto de sus clérigos; sin embargo, dentro de los contextos católicos, los miembros de las comunidades religiosas que no son ordenados (es decir, las "hermanas" y los "hermanos") y que por lo tanto, estrictamente hablando son miembros del laicado, popularmente suelen ser ubicados con los sacerdotes y obispos y no con los laicos.

Magis (latín, significa "más") - Es el término referente al "Mejoramiento Continuo de Calidad" tradicionalmente usado por Ignacio de Loyola y los Jesuitas que alude al espíritu de excelencia generosa en el que el servicio debe realizarse. (ver: Ad Mayorem Dei Gloriam - "A la Mayor Gloria de Dios.")

Manresa - Un pueblo en el noreste de España donde en 1522-23 un laico de unos 30 años llamado Ignacio de Loyola tuvo las fuertes experiencias espirituales que condujeron a su famosos "Ejercicios Espirituales" y después encaminaron la fundación y la pedagogía de los colegios Jesuitas.

Orden Religiosa / Vida Religiosa - En el Cristianismo Ortodoxo Oriental y Católico Romano (menos en el Cristianismo Anglicano / Episcopal) es una comunidad de hombres o mujeres unidos por la profesión común, por los votos "religiosos" de "castidad [que significa "virginidad" o "celibato"]), pobreza y obediencia." Como una manera de buscar seguir a el ejemplo de Jesús, los votos implican la renuncia voluntaria de cosas potencialmente buenas: el matrimonio y las relaciones sexuales en el caso de la "virginidad" o el "celibato," la propiedad personal y las posesiones en el caso de la "pobreza" y la voluntad y los proyectos propios en el caso de la "obediencia."

Se hace esta renuncia "por el reino [de Dios]" (Mateo 19,12), y por un amor más disponible y universal más allá de los lazos familiares, las posesiones personales y la autodeterminación. Es una forma de fe cristiana y como tal pone el énfasis en lo relativo de todos los bienes de esta tierra frente al único absoluto, Dios, y una vida vivida para siempre con Dios más allá de este mundo.

Pedagogía, Ignaciana / Jesuita - tiene que ver con estilos o métodos de enseñanza ignacianos / jesuitas
En una formulación (Reflections on the Educational Principles of the Spiritual Exercises por Robert Newton [1977]), la educación jesuita es instrumental (no un fin en sí, sino un medio para el servicio de Dios y los demás); centrada en los alumnos (adaptada al individuo en cuanto sea posible para poder desarrollar un aprendiz independiente y responsable); se caracteriza por ser estructurada (con una organización sistemática de objetivos sucesivos y procedimientos sistemáticos para la evaluación y la responsabilidad) y flexible (alentando la libertad, la respuesta personal y la auto-dirección, con el maestro como un guía experimentado, y no principalmente como un dispensador de saberes de fácil acceso); ecléctica (mana de una variedad de los mejores métodos y técnicas disponibles); y personal (la persona íntegra es tomada en cuenta, con una meta de apropiación personal, actitudinal y cambio de comportamiento).

En otra formulación (La Pedagogía Ignaciana: Un Planteamiento Práctico, del Centro Internacional para la Educación Jesuita [Roma, 1993]), la pedagogía ignaciana es un modelo que busca desarrollar hombres y mujeres competentes, conscientes y compasivos. Similar al proceso de guiar a otros en los Ejercicios Espirituales, el cuerpo docente acompaña a los estudiantes en su desarrollo intelectual, espiritual y emocional. Hacen esto al seguir el paradigma pedagógico ignaciano. Por la consideración del contexto de las vidas de los estudiantes, los profesores crean un ambiente donde los estudiantes recuerdan su experiencia pasada y asimilan la información de las nuevas experiencias que se les proporcionan. El cuerpo docente ayuda a los estudiantes a aprender las habilidades y las técnicas de reflexión que forman su conciencia y, luego, les desafían a la acción en el servicio a los demás. El proceso de evaluación incluye tanto el dominio académico como también la constante revisión del crecimiento integral como personas para los demás.

Ambos acercamientos fueron desarrollados en el contexto de la educación secundaria, y pueden adaptarse a la educación superior. (ver también: "Educación, Jesuita" y "Ratio Studiorum.")

Personas Integras y Solidarias para el Mundo Real - ver "Hombres y Mujeres para los Demás"

Ratio Studiorum - (latín: "Plan de Estudios")  Un documento cuya forma definitiva fue publicada en 1599 después de varios borradores y una consulta extensiva entre los Jesuitas que trabajaban en los colegios. Era un manual de directivas prácticas para los profesores y los administradores, una colección de los métodos educativos más efectivos de ese tiempo, probados y adaptados a la misión jesuita de la educación. Puesto que fue dirigido a los Jesuitas, se podía suponer los principios que estaban detrás de sus directivas. Obviamente fluían de la visión y el espíritu de Ignacio. El proceso que condujo al Ratio y siguió después de su publicación dio a luz al primer sistema de colegios que el mundo ha conocido.

Mucho del contenido del Ratio de 1599 no es ya pertinente para los colegios jesuitas hoy. Sin embargo el proceso desde el cual creció y floreció sugiere que no hemos hecho sino comenzar a aprovechar las posibilidades dentro de la red internacional jesuita para la colaboración y el intercambio. (ver también: "Educación, Jesuita" y "Pedagogía, Ignaciana / Jesuita.")

Después de la conversión de Constantino al Cristianismo (313 D.C.) con el establecimiento del Cristianismo como la religión del estado, la "vida religiosa" surgió como un movimiento de alejamiento del "mundo" y lo mundano de la iglesia. La vida monástica de los monjes y las monjas es una variación en esta tradición. Al comienzo del mundo moderno de occidente, surgieron varias órdenes religiosas nuevas (la más grande era los Jesuitas) que se percibían no como en huída del mundo sino como "apóstoles" enviados en servicio al mundo. En los siglos más recientes, se fundaron muchas comunidades de religiosas con una meta similar de servicio apostólico, no pocas veces con constituciones inspiradas en las de los Jesuitas.

El Servicio de la Fe y la Promoción de la Justicia - En 1975, Jesuitas de todo el mundo se reunieron en una asamblea solemne para evaluar su situación actual y trazar sus planes para el futuro. Siguiendo lo avanzado por una asamblea (un sínodo) internacional de obispos católicos, lograron ver que la marca distintiva de todo ministerio que mereciera el nombre de jesuita sería su "servicio de la fe" del cual la "promoción de la justicia" es un requisito absoluto. Dicho de otra manera, la educación jesuita debe destacarse por la manera en que ayuda a los estudiantes - y, por lo mismo, al cuerpo docente, a los directores y a los administradores - para avanzar, en libertad, hacia una fe madura e intelectualmente adulta. Esto incluye prepararlos para desarrollar una sensibilidad disciplinada hacia el sufrimiento de nuestro mundo y una voluntad para actuar en la transformación de las estructuras sociales injustas que lo causan. El enorme desafío, frente al que ninguno de nosotros es capaz de medirse, sin embargo cae sobre todos nosotros, y no sólo en el departamento de pastoral y los miembros de los departamentos de teología y de filosofía.

Visión Ignaciana / Jesuita, Características de la - Basándose en varias fuentes contemporáneas que tienden a confirmarse unas a otras, se puede construir una lista de las características de la visión ignaciana /jesuita comúnmente aceptadas:

  • Percibe la vida y el universo entero como un don que evoca admiración y gratitud.
  • Da amplio alcance a la imaginación y a la emoción al igual que al intelecto.
  • Busca encontrar lo divino en todas las cosas - en todos los pueblos y culturas, en todas las áreas de estudio y ciencia, en toda experiencia humana y (para el cristiano) especialmente en la persona de Jesús.
  • Cultiva la conciencia crítica del mal personal y social, y señala el amor de Dios como más fuerte que todo eso.
  • Pone el énfasis en la libertad, la necesidad de discernimiento y la acción responsable.
  • Capacita a las personas para que lleguen a ser líderes en el servicio, "hombres y mujeres para los demás," "personas íntegras y solidarias," para construir un mundo más justo y humano.

Nadie afirma que todas estas características son únicamente ignacianas/jesuitas. Más bien es la combinación de todas ellas y la manera en que se unen lo que hace que la visión sea distintiva y tan apropiada para una edad de transición - sea de la medieval a la moderna en el tiempo de Ignacio, o de la moderna a la post-moderna en el nuestro.

Visión o Historia judeo-cristiana - Esta es una versión de la visión o la historia  judeo- contada con ciertas énfasis de San Ignacio de Loyola.

La gran y misteriosa Realidad de amor personal y de entrega de sí que muchos llaman Dios es el origen y el fin de toda la creación,  de todo el universo. Dios está presente y trabaja en todo y así lo conduce a su plena realización. Todas las cosas son originalmente buenas y medios potenciales para que aquellas criaturas llamadas seres humanos encuentren al Dios que los hizo y que trabaja en ellos. Sin embargo, ninguna de estas cosas son Dios y, por lo tanto son limitadas radicalmente.

Lo cierto es que, para los seres humanos (que de alguna manera son imágenes de Dios), su relativa libertad resulta ser una nueva dimensión de ser por el que no sólo el bien sino también el mal existe en el mundo: el egoísmo, la guerra, la dominación - sea racial, sexual, económica, o del medio ambiente - de unos sobre otros. Por esto, la historia humana está marcada por una lucha entre las fuerzas del bien o de la "vida" o del mal o la "muerte".

Dios ha elegido libremente tomar partido con la humanidad imperfecta y luchadora participando más definitivamente en la vida humana y viviéndola "desde dentro" en la persona histórica de Jesús. Este compromiso irrevocable de Dios con la iniciativa humana fundamenta e invita a la respuesta de personas que colaboran con Dios en la construcción de una comunidad de justicia, de amor y de paz - el "reino" o el "reinado" de Dios que Jesús predicó y vivió.

Así como Jesús, también para sus seguidores, se requiere discernimiento - una comprensión fina y profunda de uno mismo y de su cultura según el Espíritu de Dios - para reconocer en toda situación lo que conduce a la venida del reino de Dios y lo que lo impide. Frente al egoísmo humano y al mal, tarde o temprano el camino conlleva la donación de sí mismo, pasando por el sufrimiento y la muerte para ganar la vida -y esta, vida eterna. A lo largo del camino, ya que los seguidores de Jesús están precavidos ante el peligro de hacer ídolos de personas o cosas (es decir, haciendo de ellas un dios), están menos propensos a desilusionarse consigo mismos, con otros u con la historia humana con todo el peso del mal personal y social. Más bien,  siguen preocupándose de las personas y de la empresa humana, puesto que su esperanza está en Dios, la suprema Realidad de amor personal y de entrega de sí.

Xavier, Francisco (1506 - 1552) - Como Ignacio, nacido en el país vasco al norte de España, Francisco se hizo íntimo amigo de Ignacio en la Universidad de París, llegó a compartir la visión ignaciana al hacer los Ejercicios Espirituales, realizó esa visión por medio labores misioneras en la India, el archipiélago indonesio y Japón. Fue el primer jesuita que salió hacia pueblos de culturas no europeas. Al pasar de sus empresas misioneras tempranas en la India a las posteriores en el Japón parece que comenzó a darse cuenta de las implicaciones de lo que hoy llamamos inculturación.

George W. Traub, S.J.,  Xavier University   

Adaptación / Traducción: Roberto Dolan,  S.J.,   Colegio de la Inmaculada - Jesuitas, Lima - Perú
Esta es una adaptación / traducción de la obra escrita originalmente en inglés, Do You Speak Ignatian? A Glossary of Terms Used in Ignatian and Jesuit Circles por George W. Traub, S.J., 7th edición (Xavier University, Cincinnati, OH,  U.S.A.), © 2002 by George W. Traub, S.J.